Una decepción de la FED sería realmente buena para el mercado



A parte de lo positivo de la tregua comercial entre EE.UU y China, lo que más ha ponderado en las bolsas mundiales en los últimos meses ha sido el cambio de tono en el discurso de la FED el pasado diciembre. Tras los signos de desaceleración económica mundial y la fuerte corrección sufrida en Wall Street a finales del pasado año, que llegó a poner en jaque la tendencia originada en el año 2009, los bancos centrales, y en concreto la FED, se están viendo obligados a retrasar o paralizar sus planes para “normalizar” la política monetaria. Este cambio de tono ha servido para que se alejen los fantasmas de recesión, o al menos ponerlos en “pause”, y para favorecer la continuidad de la tendencia alcista en la bolsa estadounidense. Los principales índices de referencia en Wall Street aún no han marcado nuevos máximos históricos, pero se ha recuperado gran parte de la última corrección y lo más probable es que sea cuestión de tiempo que veamos nuevos máximos.

Desde el pasado diciembre, el presidente de la FED Jerome Powell se ha mostrado muy prudente en sus intervenciones, reiterando que la FED va a mantenerse paciente y flexible viendo cómo evolucionan las cosas hasta que se aclare el escenario macro. En febrero, ante el Comité Bancario del Senado reafirmó también la intención de la FED de dar por finalizado a finales de año el proceso de reducción del balance del banco central. Hasta ahora, el balance continúa reduciéndose a un ritmo de 50.000 millones de dólares mensuales y se sitúa sobre los 4 billones de dólares.

¿Qué se puede esperar de la reunión de hoy?
Probablemente poco. No se espera que mueva tipos y en la rueda de prensa de Jerome Powell a las 19.30 podría decepcionar a los mercados provocando cierta presión vendedora en las bolsas. En los primeros meses del año se daban por buenas dos subidas adicionales de tipos, pero el mercado es insaciable, quiere que continúe la fiesta y ya se descuenta que se produzca solo una o incluso ninguna. Que mantenga un discurso de “esperar y ver” sin aportar mayores pistas podría decepcionar a los mercados y amenazar con provocar una fase correctiva en las bolsas de parte del movimiento alcista originado en los mínimos de Navidad.

Pero la pregunta que debemos hacernos es si una decepción sería realmente algo negativo. Ya sabemos por experiencia que en muchas ocasiones la reacción inicial de los mercados a este tipo de eventos no es la interpretación correcta, y lo que a priori se interpreta como negativo a las pocas horas o días se le da la vuelta y el mercado sigue su senda, normalmente la previa, en este caso alcista. Una excesiva relajación del discurso de la Fed podría ser lo que algunos inversores quisieran, pero a mi modo de ver, no sería una buena noticia para el fondo del mercado. Eso volvería a poner en escena los fantasmas de recesión y plantearía la duda de un mayor deterioro de la situación macro de lo que los mercados descuentan, por lo que esa nueva información debería reflejarse en las bolsas dificultando la consecución de nuevos máximos históricos.

A efectos prácticos, una decepción podría provocar cierta recogida de beneficios. Tomando como referencia el S&P 500, una consolidación después de haber superado el entorno resistivo de los 2.815 puntos, debe de ser considerada como algo normal, como una simple pausa previa a mayores ascensos. Ciñéndonos a lo que sucede, a los hechos, y no a lo que pensemos, para hablar de agotamiento comprador y de que estamos ante el origen de una corrección vigilaría que no pierda el entorno de los 2.765 puntos. Mientras eso no suceda consideraría que el control sigue siendo de los alcistas en busca de una aproximación hacia máximos antes de que se produzca una corrección significativa.

Nuestra labor como analistas y operadores se resume en ver quien gana el debate, los alcistas o los bajistas, y en preocuparnos de estar del lado de los que tienen el control, del lado de los ganadores, del lado de los fuertes. 

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